Este anime de once capítulos nos cuenta a pedazos la
historia y motivos que entrelazan a personajes como el detective Shibazaki
Kenjiro y los terroristas adolescentes Sphinx número 1 y Sphinx número 2,
también conocidos por una alumna de preparatoria llamada Mishima Lisa como
Nueve y Doce.
Sphinx (Esfinge) busca al Edipo que resuelva su misterio,
conectado a un proyecto del Gobierno Japonés relacionado con 26 niños, y para
ello organiza una serie de atentados que involucra al país entero, dejando como
firma personal la palabra VON.
¿Qué buscan esos dos adolescentes? ¿Cuál es su auténtico
objetivo? Con la ayuda de un detallado plan Nueve y Doce toman siempre en
cuenta todas las posibilidades, hasta que entra en escena el Gobierno
Estadounidense, que cuenta con una baza-no-tan-inesperada si eres como yo y has
leído “Rokaku; Nunca digas dónde está”.
Sin embargo, en ningún momento algo es lo que parece en este
anime, que con ayuda de una magnífica banda sonora que recurre frecuentemente a
instrumentos clásicos como el piano (o al menos suena como uno) y mostrándonos
la historia desde los ángulos precisos nos enamora de muchos de los personajes
participantes (pero no de todos). Hasta Mukasa se lleva una parte de tu
admiración y elogio.
Con un final realmente inesperado, un final que parecía
lejano y casi irreal, te demuestra que inevitablemente, como en cualquier
película o serie de las de Hollywood, el final es el de siempre, que la
normalidad está a la vuelta de la esquina, y que todos continúan con sus vidas habiendo
reparado apenas en lo sucedido, con más trascendencia de la supuesta en
principio.
Un anime que puede que te marque interiormente o no, pero
que está mucho más que “bastante bien”. Con un ritmo rápido sacudido por las
detonaciones y el fuego, los malos recuerdos del pasado y el presente,
mezclados con la curiosidad y el afecto, se conduce a los espectadores hasta un
final explosivo que deja tras de sí una estela de humo que lentamente va
disolviéndose al viento.
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