miércoles, 7 de enero de 2015

Zankyou no Terror (Terror en Resonancia)


Este anime de once capítulos nos cuenta a pedazos la historia y motivos que entrelazan a personajes como el detective Shibazaki Kenjiro y los terroristas adolescentes Sphinx número 1 y Sphinx número 2, también conocidos por una alumna de preparatoria llamada Mishima Lisa como Nueve y Doce.

Sphinx (Esfinge) busca al Edipo que resuelva su misterio, conectado a un proyecto del Gobierno Japonés relacionado con 26 niños, y para ello organiza una serie de atentados que involucra al país entero, dejando como firma personal la palabra VON.

¿Qué buscan esos dos adolescentes? ¿Cuál es su auténtico objetivo? Con la ayuda de un detallado plan Nueve y Doce toman siempre en cuenta todas las posibilidades, hasta que entra en escena el Gobierno Estadounidense, que cuenta con una baza-no-tan-inesperada si eres como yo y has leído “Rokaku; Nunca digas dónde está”.

Sin embargo, en ningún momento algo es lo que parece en este anime, que con ayuda de una magnífica banda sonora que recurre frecuentemente a instrumentos clásicos como el piano (o al menos suena como uno) y mostrándonos la historia desde los ángulos precisos nos enamora de muchos de los personajes participantes (pero no de todos). Hasta Mukasa se lleva una parte de tu admiración y elogio.

Con un final realmente inesperado, un final que parecía lejano y casi irreal, te demuestra que inevitablemente, como en cualquier película o serie de las de Hollywood, el final es el de siempre, que la normalidad está a la vuelta de la esquina, y que todos continúan con sus vidas habiendo reparado apenas en lo sucedido, con más trascendencia de la supuesta en principio.


Un anime que puede que te marque interiormente o no, pero que está mucho más que “bastante bien”. Con un ritmo rápido sacudido por las detonaciones y el fuego, los malos recuerdos del pasado y el presente, mezclados con la curiosidad y el afecto, se conduce a los espectadores hasta un final explosivo que deja tras de sí una estela de humo que lentamente va disolviéndose al viento.

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